LA ISLA DE TAQUILE – PUNO

January 28, 2016
isla taquile

La única forma de ver el lago Titicaca es pasar varios días visitando sus islas de cuento de hadas. Sin embargo, en muchas comunidades está empezando a sentirse el impacto negativo del turismo. También se puede cruzar la frontera boliviana para visitar la más fría isla del sol desde Copacabana.

Las singulares islas flotantes de los indígenas uros, alrededor de 50, se han vuelto horriblemente comerciales, aunque en todo en el mundo no hay nada que se le parezca. Están construidas con varias capas superpuestas de cañas de totora, que crecen en abundancia en los bajíos del lago Titicaca.

Los uros, que siempre han sido una tribu pequeña, empezaron a vivir en las islas flotantes hace varios siglos en un intento por aislarse de los agresivos collas e incas. En estas islas aún viven varios centenares de personas.

La vida de los uros está totalmente ligada a las cañas de totora, las cuales son utilizadas para construir casas, barcos y los productos de artesanía que elaboran para los turistas. Las cañas de las islas se van reponiendo constantemente desde la parte superior a medida que se pudren, por lo que el suelo está siempre suave y mullido.

Los circuitos en barco de dos horas salen desde el muelle en cuanto los barcos están llenos desde las 7.00 hasta bien entrada la tarde; también suelen parar en la isla taquile. Las excursiones a otras islas pueden parar en las islas flotantes en el trayecto de vuelta. También se puede dormir en alguna de ellas. Una noche en una bonita cabaña en la isla Q’Hantati.

DESCRIPCIÓN DE LA ISLA DE TAQUILE

Habitada desde hace miles de años, esta isla de 7 km2 a menudo parece un pequeño mundo aparte. Sus habitantes, de habla quechua, siguen llevando una vida que apenas se ha visto alterada por las modernidades, y tienen una larga tradición textil. Sus creaciones pueden comprarse en la tienda cooperativa de la plaza principal. Destacan unos gorros de lana masculinos, que tejen los propios hombres y que a veces sirven para denotar estatus social, así como las faldas femeninas de varias capas y las blusas exquisitamente bordadas.

En varias colinas has bancales preincas y pequeñas ruinas que se alzan con la nevada Cordillera Real de Bolivia como telón de fondo. Los viajeros pueden pasear libremente por la isla, pero es imposible hacerlo en los viajes organizados de un día sin perderse el almuerzo o el barco de vuelta, por lo que sí se puede, es mejor quedarse a dormir. Los viajeros son recibidos por los isleños junto al arco que hay en lo alto de la empinada escalera que asciende desde el muelle. Se puede organizar estancias en casas particulares. El turismo ha alterado un poco el paisaje, por lo que aquellos que deseen una experiencia más auténtica deberían optar por alojarse en la cercana Amantani. Si se duermen en Taquile, las camas son básicas pero están limpias, y las instalaciones son mínimas. Al viajero le darán mantas, pero es imprescindible llevar un saco de dormir y una linterna.

La mayor parte de las tiendas y restaurantes de la isla cierran media tarde, cuando se marchan todos los grupos organizados, por lo que el viajero debe concertar con antelación la cena con su familia anfitriona. Los regalos consistentes en fruta fresca de los mercados de Puno son muy apreciados. Se debe comprar bebidas embotelladas en las tiendas, aunque es mejor llevar pastillas purificadoras de agua o un filtro de agua. También hay que llevar billetes pequeños (hay poco cambio) y dinero para comprar recuerdos.

Los barcos que realizan el viaje increíblemente lento de 34 km hasta el Taquile salen cada día el muelle de puno sobre las 7.30 (3 horas). Hay que llegar pronto al muelle y pagar directamente al capitán. El barco de vuelta sale a primera hora de la tarde, llegando a puno cuando empieza a anochecer. Es imprescindible llevar protector solar y repelente contra los mosquitos.