La hoja de coca y los españoles

April 7, 2016

Los españoles intentaron prohibir el uso de la coca por los indios argumentando que “era una costumbre diabólica ligada a la idolatría, que era la principal enemiga de la expansión del cristianismo”. Sin embargo, esta medida no pudo llevarse a la práctica porque, para la población indígena, la coca, por sus propiedades anestésicas y sus efectos estimulantes, les permitía trabajar varios días sin comer ni beber en las minas explotados por los españoles. Muy al contrario, el comercio sistemático de la cao cobro un auge sin paragón; durante el periodo de la Colonia, la explotación de la fabulosa mina de Plata de Potosí, así con otros importantes yacimientos mineros (siglos XVI-VXII-XVIII), abrió un inmenso mercado masivo para el uso y venta de la hoja de coca. En la zona de Potosí se pagaba el doble de precio que en Cusco generando fabulosas ganancias para los comerciantes españoles que se dedicaban a este negocio. Se llegaba a gasta un millón de pesos en coca anualmente en esa ciudad, mientras que en alimentos, vestido y otros gastos generales no alcanzaban la suma de cuatrocientos mil durante el año. Estas cifras demuestran con claridad porque la coca se convirtió, durante la Colonia, en intercambio. Los impuestos que se pagaban al rey de España podían ser pagados con coca.

Asimismo, la iglesia católica, que en un principio había combatido el uso de la coca como elemento satánico vinculado a la idolatría, cambio rápidamente de parecer porque los diezmos eclesiásticos, impuesto de los nativos debían pagar a la iglesia, eran también pagados en gran parte con hoja de coca. Así, la coca por su gran demanda se convirtió prácticamente en una forma de moneda que servía para el intercambio en las zonas andinas del Perú. Por otra parte, los españoles para hacer frente a las inclemencias y fatigas de la colonización del Perú y también como resultado del mestizaje, comenzaron a utilizar la hoja de coca. Es más, también el clero que había sido renuente a su uso, a través de sus miembros más lúcidos, se dio cuenta que para acercarse a la población indígena debía aprende su lengua y adoptar sus costumbre. Así, un grupo de sacerdotes dominicos, en 1628, se vio denunciado por un visitador de la inquisición española que en su informe dice: “Estos religiosos con gran desenfreno utilizan la coca, planta que el demonio utiliza para sus grandes mentiras, que los embriaga y saca de juicio, de manera que enloquecidos dicen y hacen cosas indígenas del cristianismo y aún menos de religioso. La inquisición debe intervenir para detener esta infernal superstición”. Pese a la inicial oposición del clero de y las autoridades españolas la coca termino por ser aceptada, aun a veces en forma solapada, por ser un elemento cultural andino que cumplió una función social y económica de gran importancia durante la época colonial.

Al respecto, es muy interesante el testimonia dejado por el sacerdote católico Blas Valera (1538-1598), quien vivió más de treinta años en el Perú en contacto con la población de indígenas y con los españoles. Dice: “La coca es un arbusto de altura y grosor de la vid, tiene pocas ramas y en ellas muchas hojas delicadas, del ancho de un dedo pulgar y de largo como la mitad de este dedo. Además, tiene un buen olor no muy suave. Estas hojas son llamadas coca por los españoles y por los indios. Es tan agradable la coa para los indios que la prefieren al oro, la plata y las piedras preciosas. Plantan la coca con mucho cuidado y también la recolectan con suma delicadeza, luego la hacen secar al sol. No tragan  la hoja, sino que la mastican, les gusta el olor y el jugo que sacan de la masticación. La coca es de gran utilidad para los trabajadores porque la mastican y se muestran más fuertes y dispuestos para el trabajo y contento trabajan todo el día sin comer.

“La coca preserva el cuerpo de muchas enfermedades y nuestros médicos usan de ella, hecha polvo, para atajar y aplacar la hinchazón de las llagas, para fortalecer los huesos quebrados, para sacar el frio del cuerpo, para sanar las llagas podridas llenas de gusanos. Pues, si  a las enfermedades de afuera hace tantos beneficios, también tiene que beneficiar a las partes interiores del cuerpo.

“También la coca tiene otro gran provecho: es que la mayor parte de la renta del obispo y de los sacerdotes de la catedral del Cusco es pagada con hojas de coca; además, muchos españoles se han enriquecido y enriquecen haciendo tratos y contratos con esta planta. Sin embargo, algunas persona ignorando todas estas cosas positivas han dicho y escrito contra este pequeño arbusto, movidos solamente porque antiguamente los no cristianos y ahora algunos adivinos y hechiceros ofrecen y ofrecieron la coca a los ídolos, por lo cual dicen que se debe prohibir el uso de esta hoja. Sería muy bueno si los indios se hubieran acostumbrado a ofrecer solo esta planta a los demonios. Pero, los indios también que no son cristianos ofrecen a sus dioses no solo la oca, sino también todas las plantas y frutos que crecen encima y debajo de la tierra, le ofrecen también bebidas, ganado y muchas otras cosas. Se debe adoctrinar a indios para que conozcan la verdadera religión para que aborrezcan sus supersticiones y sirvan de verdad a un solo Dios y utilicen de una manera cristina todas esas cosas”.

También el cronista mestizo Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), hijo de una princesa Inca y de un capitán español, habla elogiosamente de la coca en si libro Los Comentarios Reales de los Incas, en el libro octavo, que titula “De la preciada hoja llamada coca”, refiere que “no será razón para dejar olvidada la hierba que los indios y españoles llaman, que ha sido y es la principal riqueza del Perú para los que han manejado negocios y contratos. Antes, es justo hacer una larga mención de la hoja de Coca por lo mucho que los indios la estiman, por sus muchas grandes virtudes que conocían desde antaño y ahora porque los españoles la han experimentado en aspectos medicinales”.