El San Pedro y catarsis

April 7, 2016

Mi experiencia con el San Pedro se remonta a los primeros años en los que tome las plantas. Fue la primera planta maestra con la que me topé y el encuentro, debido a mi inexperiencia, no fue del todo grato. Vino en una etapa de mi vida en la que andaba experimentando todo tipo de excesos nocivos intoxicantes, un nuevo país de residencia, y una sociedad del todo ajena para mi.

Todo esto me llevo a no entender completamente su comportamiento como planta maestras. Me cerré de tal forma que ya no quise saber nada de plantas por un largo tiempo. Esto fue causado por la forma errónea en la que tuve el encuentro. Sin preparación, sin un buen guía y en una situación interna de inestabilidad me dio como resultado una experiencia de desequilibrio total. El resultado final fue un año de completa crisis mental y emocional.

Cuando pude estabilizarme un poco, fui analizando el trabajo del San Pedro y su acción en mí pasó varios años hasta que pude entender objetivamente su comportamiento.

La acción del San Pedro es directa y, a diferencia de otras plantas maestras, te muestra la realidad en su gran magnitud y complejidad sin mayores explicaciones. Para una mente como la mía, acostumbrada a occidente esto era más de lo que pedía entender. A diferencia de la Coca o la Ayahuasca, plantas de espíritu más fenómeno y compresivo, el San Pedro fue conmigo inapelable. Sus enseñanzas no son directas, sino que dependen de una interpretación de una mente consciente.

El cactus del San Pedro (trizocherus pachanoi) o Achuma, como se le denomina en algunas partes del Perú, es una planta de visión; tomado de día se focaliza más el entorno y tomada de noche hacia el ser interno del sujeto. No olvidemos que el resultado final dependerá del contexto, ritual, intenciones y entorno, siendo más provechoso cuando el paciente o iniciado se encuentra como y apto para recibir la visión conciencia.

El San Pedro es un cactus con espinas diminutas que crece hasta los tres o cuatro metros de altura, dando de vez en cuando llamativas y escasas flores. Este cactus tiene entre 4 y 10 estrías es de vital importancia para algunos de los maestros curanderos, ya que según ellos varia la intensidad de la visión. Como vimos anteriormente, en la sierra peruana podemos encontrar rastros de su uso desde épocas muy antiguas, así lo demuestran las evidencias en las ruinas de Chavín de Huantar donde fue usado junto con el Tabaco y la Ayahuasca. El contexto ritual de su uso, como sucede con el resto de plantas maestras, es la explicación del mundo y espacio chamanicos, cielo tierra y subterráneo con sus correspondientes animales totémicos: águila, jaguar y serpiente. Tanto aquí como en las culturas de las costa aparece caracterizado en huacos cerámicos y esculturas, siempre representado en conexión con el  mundo de los espíritus bajo la guía del curandero o Chamán.

Del centro de la sierra peruana seguramente se extendió a los demás ámbitos geográficos en los que hoy lo podemos encontrar.

La Achuma es una planta de visión, no es una planta de purga o limpieza como la Ayahuasca, sino únicamente de conexión con el mundo de lo espiritual. Ya el padre Bernabé Cobo, cronista de la conquista española, trasnmite la información de una planta llamada San Pedro o Achuma usada por los indios:

“La Achuma es una especie de cardo; es una planta por medio de la cual el diablo posee a los indianos del Perú, enraizándolos en su idolatría. Aquellos que beben el jugo de tal planta pierden la razón y quedan como muertos. Trasportados por esta bebida sueñan mil extravagancias y las creen como si fueran verdad. El jugo es útil contra los ardores de los riñones y, en pequeña cantidad contra la fiebre, la ictericia y los ardores de orina.”

Su alcaloide principal, la mezcalina, ha sido suficientemente estudiado por nuestros científicos y en el contexto de planta maestra cabe asemejarla a su pariente cercano el Peyote, de las tradiciones mexicanas.

La toma de San Pedro implica una preparación de la planta y del sujeto. Este debe tener claro el porqué de la toma y ser guidado por un conocedor de la planta. Para ello debe observar una dieta antes de ayuno de carnes, ají, alcohol y al menos una semana después de los mismo incluido el sexo en todas sus formas. El cactus se recoge de preferencia en luna creciente o llena para que toda su fuerza este en la planta, luego se pela y se corta en rodajas, poniéndola a hervir con agua por lo menos 5 horas. El resultado será un gel verduzco claro que habrá que colar para separarlo de la materia sólida. Este gel es lo que se consume solo o acompañado de otras plantas. Sus efectos más evidentes duran entre 6 y 24 horas, dependiendo de la persona, las plantas que pueden acompañar al cactus son el Tabaco y el Toe.

El Tabaco negro, de flor  rosada, se usa para ayudar a la limpieza del individuo mientras que el de flor blanca o amarilla ayudan a florecer o renacer la energía del cuerpo. El Toe o Misa a veces entra en la mezcla para aumentar las visiones, aunque es un poco fuerte para personas que se están iniciando. Se recomienda para individuos con experiencia en plantas maestras.

El San Pedro es el guardián de la tierra, el cactus de los cuatro vientos o direcciones de la tierra, Este. Oeste, Sur y Norte. Es la panta de iniciación, por la tanto con la tierra, y esto es la base de todo maestro o chamán. De ahí parten todo los caminos. Esta cruz o cruce de caminos es la encrucijada del guerrero que osa comprender la vida y a sí mismo. A estas se le añaden dos direcciones más: arriba y abajo, el cielo y la tierra. Todo esto conforma nuestro encaje y mira para percibir la realidad y de ahí movernos hacia un conocimiento interno o externo, que al final es el mismo.

La tradición más vida del uso de esa planta en el Perú está en la zona de costa y sierra norte, lugar donde pude comprender más acerca de mi iniciación con el San Pedro se usaba en la preparación para el sacrificio. Era el que daba el paso para que el alma inocente del inmolado fuera devorada por su dios Haya´pack. Este sacrificio me recuerda mis primeras visiones del San Pedro, en especial una que tuve en el monte cuzqueño de Chakan (cruz, en quechua), donde curiosamente los antiguos pobladores del Cusco hacían sacrificios a sus dioses y a la madre tierra. En estas visiones me sentí sacrificado como cordero, símbolo inequívoco de la inocencia. Esto nos remite a nuestra religión oficial, la cristiana, en la cual la figura predominante es la inocencia sacrificada en la cruz: el Hijo de Dios. Las bases chamanicas del sacrificio tiene que ver de alguna forma con el sacrificio de la inocencia, el camino de sufrimiento entre las tinieblas y la vuelta al Dios o Inocencia Pura. El chamanismo es ese camino de ida y vuelta.

El por qué de la repetición de este mito en culturas tan diferentes como la Mochica, la Cristiana y otras en las que aparecen temas similares, nos hace pensar acerca de la idea del sacrificio. Toda acción del Chamán en el contexto de curación o búsqueda del balance se basa en la llamada de fuerzas puras, naturales e inocentes para restituir la salud o el balance. Estas fuerzas en el chamanismo son Dios mismo. Por eso, los antiguos divinizaban todo ser natural, ya fueran fenómenos (por ejemplo el rayo), animales o plantas. Incluso no tenían miedo a sacrificar su vida, ya que era un honor entregar su inocencia. El mismo Jesús se nos presenta en la biblia como un chamán que trabaja con los elementos de la naturaleza y los animales. Increpa  a los vientos y usa a la manda de cerdos para exorcizar a un endemoniado. Sabe que es Dios ya que el hombre es su hijo y toda la naturaleza, es Dios a sí mismo.


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