El Mercado de San Pedro

January 13, 2016

Un mercado artesanal, por así decirlo, que sin embargo tiene una variedad cultural inmensa, que no puedes pasar por alto en tu visita por Cusco.

SAN PEDRO, UN MERCADO DIGNO DE CONOCER

que no puedes pasar por alto en tu visita por Cusco.
Es un festín para tus sentidos con todas las experiencias que encuentras en el Mercado de San Pedro, es un lugar enorme y al principio puede dar la sensación de desorden, pero en realidad no es así. Los puestos se agrupan según la mercadería a vender. Solo las vendedoras ambulantes, se colocan en cualquier parte para vender sus productos artesanales.
Predominan los alimentos, especialmente el maíz y la papa en todas sus variedades, pero también hay ropa y artículos de todo uso; y flores, muchas flores. Merece la pena recorrerlo sin prisas, y si llega la hora de la comida en la parte central se puede comer rico y barato, y tomar de postre uno de los estupendos jugos con frutas. También los vendedores de los puestos comen allí mismo.
Igualmente, los olores de todo tipo acompañan a las voces y demás ruidos de fondo, siendo todo extremadamente animado, como un espectáculo que transcurre sin interrupción.
Este es un lugar de esos que no tienen desperdicio. En su interior, podremos encontrar artesanías hechas con guayruro, quesos de cabra y vaca, comidas típicas, frutas, verduras, carnes, y toda la comida que se puedan imaginar. Es, como todo mercado sobre la faz de la tierra, un sitio digno de conocer.
Los colores chillan como si estuvieran vivos. Los sonidos son precisos, cristalinos, aquí el ruido granulado de los pallares cayendo en las balanzas de metal, allá las voces de las mujeres ofreciendo juguitos frescos.
Los aromas son tan intensos que con los ojos cerrados uno sabe en qué sección está: Huele a chocolates fabricados con cacao del Cusco, a pan de trigo y de maíz, a racimos de flores recién arrancadas del campo, a quesos, a carnes de vaca, de oveja y de cerdo. La fruta rica y madura hace agua la boca: Maracuyá, papaya, fresas, bananas, uvas, piñas, naranjas.
En el mercado hay mucho más. En un corredor oscuro cuelgan innumerables faldas de colores, de las que llevan las mujercitas. Metidas en sus sucuchos se ven modistas cosiendo en vetustas máquinas de coser, remendones zurciendo y arreglando sombreros y zapatos, sastres afanándose sobre chaquetas llenas de hilvanes. En los siguientes puestos hay telas, vestidos, ropa para hombre, velas, canastos, sombreros, tejidos, zapatos, ojotas y chullos.
Todo eso que se ve, huele, y percibe potencia los sentidos. Sin embargo algo los sobrepasa y se convierte en un pequeño desafío: En el mercado hay dos zonas donde funcionan comedores. Hay que tomar coraje y entregarse a la experiencia.
Hablando un poco de lo histórico, el mercado Central o Mercado de San Pedro es uno de los más antiguos del Cusco, fundado en 1925;a pesar de su antigüedad no tuvo cambios significativos, pero aún sigue y seguirá siendo el mayor centro de concentración y abastecimiento de la ciudad.
El encargado de la construcción de este magnífico mercado fue Gustav Eiffel, un ingeniero francés. Desde inicios del siglo XX el mercado de la ciudad estaba emplazado en la explanada de la Plaza San Francisco, hasta el período del Alcalde Don Manuel Silvestre Frisancho, periodo en que se edifica un nuevo mercado de abastos.
El nuevo edificio se construyó en lo que era el camal o matadero que estuvo emplazado desde tiempos coloniales frente al Templo de San Pedro y parte de los huertos del Beaterio de Santa Clara. El nuevo mercado de abastos se inauguró el 7 de Junio de 1925, fue la superficie cubierta más grande que hasta entonces se había construido, tipología totalmente desvinculada en su diseño de lo que era la tradición constructiva. Tiene un estilo colonial, es un edificio de planta rectangular y una sola altura, con columnas y cubierta metálica, que ocupa una manzana completa, no puede sino proceder de la necesidad de proteger la actividad que en otro tiempo debió desarrollarse, en este mismo lugar, al aire libre.
Entrar al mercado, es conocer el patrimonio cultural de Cusco, sus costumbres, sus historias, sus productos, sus aromas, su forma de intercambio, la cultura viva que aquí alcanza una expresión autentica, porque se sabe que el mercado es un foco donde confluye la necesidad, donde tiene lugar el encuentro diario, una puesta en escena teatral entre vendedores y compradores, continuamente repetida en el tiempo.