CONOCE LA COMUNIDAD DE MARAS QUE SE ERIGE DESDE TIEMPOS COLONIALES

April 19, 2018
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Conoce la Comunidad de Maras en el siguiente artículo…

Maras

Hemos llegado a Maras, a 12 Km de la ciudad de Urubamba ya 3.028 metros sobre el nivel del mar. La temperatura está entre 1 ° C y 21 ° C. Es uno de los pueblos más lejanos y más interesante del circuito del Valle Sagrado. Lo vemos, en las carreteras cuesta arriba y tranquilas, en su casa de dos pisos (pero de poca altura). Los caminos son de piedra y barro, las casas son de adobe, paredes blancas y techo y ventanas azules. En los dinteles puedes leer inscrito en piedra la fecha en que fueron construidos o quiénes fueron sus dueños, o ver algún escudo o decoración. Esta tradición de los dinteles es única y muestra piezas de gran valor testimonial y artístico. Muchos de ellos están registrados por la Unesco.

Maras tuvo durante la Colonia una situación privilegiada debido a su ubicación estratégica y el paso de los arrieros que se dirigían a Cusco desde la selva baja. Su fundación española data de 1556 y estaba a cargo del capitán y “encomendero” Pedro Ortiz de Orue, cuya casa está ubicada a una cuadra de la Plaza de Armas en la calle Jesús 221. Lo curioso de esta casa, similar a otros en la ciudad – construida de adobe, no ostentosa con techos bajos y dos laderas – es que su propietario original inscribió en el dintel de la puerta la fecha en que fue construido; también quién era el dueño y otra información personal. Fue él quien dio a luz a esta costumbre de inscribir en los dinteles que se ha continuado hasta hoy. Te recomendamos que veas todos los porches de la calle Jerusalén: la casa que perteneció a Tupac Sinchi Roca Inca – Jerusalén 249-, el pórtico jesuita, Jerusalén 233 – o el portal Sancho Usca Paucar – ubicado en el número 245 -, que sorprenderá por su decoración laboriosa.

También fue Orue quien construyó la iglesia de San Francisco de Asís, de arquitectura gótica y mudéjar, de piedra, ladrillos y adobe. Tiene cuatro retablos de estilo barroco del siglo XVII, con bellas tallas y cubierta en pan de oro. El pintor marino de la Escuela Cusqueña, Antonio Sinchi Roca, decoró las paredes con imágenes que representan escenas del Evangelio y retratos de los santos, incluyendo uno de Judas Iscariote, la mayoría de ellos recientemente restaurado. También se destaca la hermosa pila bautismal del siglo XVII y la pintura mural de la Santísima Trinidad. La iglesia se encuentra al final de Jerusalen Jirón, en las afueras de la ciudad.

Los turistas generalmente no se quedan en la ciudad de Maras, sino que van a las salinas. ¡Gran error! Si hay un lugar donde puedes tener y compartir una experiencia de diálogo, aprendizaje, entretenimiento y emociones variadas, este es Maras. Para comenzar, la fisonomía de la ciudad es algo que hemos hablado. Debe agregarse a la descripción de la arquitectura que muchas de las casas coloniales son hoy tierras vacías o casas muy rústicas con corrales y grandes huertas conectadas desde hace mucho tiempo, de esta manera el frente colonial esconde una parte de la vida rural de hoy. Luego, las calles son caminadas todo el tiempo por pastores, granjeros y extractores de sal, que en sus burros, es el lugar donde debe haber más asnos en todo el Perú, llevan y llevan alimentos para ganado ligero o cargas varias. Las mujeres todavía usan las prendas llamadas “tradicionales”, no así los hombres. Debe decirse que este tema de las prendas exige precisiones para una mejor comprensión. Los cronistas saben que las prendas precolombinas estaban hechas de un “anaco” o una túnica recta con aberturas laterales, con un cuello en ángulo o en un corte horizontal sobre el cual se agregaba el poncho si hacía frío. Durante la extirpación de los ídolos, cuando la Contrarreforma Europea exigió ajustarse a las reglas de vida del cristianismo para recuperar el poder, el virrey Toledo prohibió el uso de esta vieja prenda e impuso cambiarla a la utilizada en las diferentes zonas rurales del país. Península Ibérica. Es de esta manera que aparecieron las faldas, blusas, bordados, sombreros de diferentes tipos en mujeres y en hombres, esta prenda tiene reminiscencias del torero, el pantalón, el chaleco y una camisa, a pesar de que las “ojotas” siempre tuvieron éxito . Cuando José María Arguedas viaja a España en la década de 1950 para realizar una investigación etnográfica sobre este tema, se sorprende por la cantidad de similitudes encontradas entre los usos de España y los Andes, pero también por la cantidad de elementos añadidos a Las tierras altas. En Maras, las mujeres usan sombreros de copa de paja “toquilla” pegados y pintados de blanco, mientras que en los hombres de color marrón.

El Sr. Argandona es un anciano que siempre tuvo su taller en el camino de Pacheco para pegar y reparar sombreros. Guarda un cuaderno con notas muy antiguas de sus obras y se niega rotundamente a vender cualquier pieza, incluso aquellas abandonadas por más de 30 años. A través de esta persona humilde y muy hábil en su trabajo, descubrimos que los sombreros de paja “toquilla” que vienen del norte los modifica a gusto y uso local. Junto al taller de Argandona, abre sus puertas una de las muchas “chicherías” que ofrecen la famosa bebida fermentada de Maras, que es considerada una de las mejores del valle. La “chichería” pertenece a Jesusa Lucana, quien tiene una mano especial para condimentar la chicha y los aperitivos andinos. Es aquí donde todos los habitantes de esta ciudad se reúnen para hablar, comer, beber, tocar música, porque además de la sal en Maras, no dejen pasar la oportunidad de comer y beber chicha y si escuchas sonidos, detente, lo harás No te arrepientas porque en esta ciudad todos son músicos. En la ciudad tienes que pasear por las calles en busca de los dinteles y descubrir la vieja costumbre de tallar y colocar, que ha continuado hasta hoy. También llama la atención las plumas negras clavadas en las puertas de algunas casas: es un recordatorio del duelo reciente. En Punku Mayor, hay una bonita plaza donde se encuentra la antigua capilla de La Candelaria, una hermosa casa grande en la esquina, en la que debes parar. La casa colonial con un patio, de dos plantas y un patio trasero con un cementerio, perteneciente a la familia de Amilcar del Castillo, gran amigo y promotor de su pueblo como nadie más. En el segundo piso de la casa, tiene una habitación alargada llena de luz con un balcón a la calle; en el cual se alquilan cuatro camas y toda la decoración es una exhibición de cultura local y de muy buen gusto. La madre de Amilcar es una excelente cocinera nacida en las tierras heladas de Canchis y cocina deliciosos platos con condimentos locales, pero domados para evitar la mala digestión: crema de papa, truchas, queso y maíz, guisos suaves y deliciosos, y siempre una taza de “muña” para la digestión. Con Amilcar podemos conocer el último pequeño lugar de la ciudad, visitando chicherías, talleres de canteros y otros amigos artesanos. Si lo solicita, nuestro Amilcar preparará una visita a las minas de sal, donde el viajero monta un burro y comienza a montar, seguido de un pequeño conjunto de “tinya” y pequeñas flautas. Es inolvidable; hemos visto a los visitantes desvariar de alegría después de la experiencia. Amilcar es un verdadero genio. De todos modos, hay otras maneras menos notorias de ir a las minas de sal. Una de ellas es caminando, durante más o menos media hora bajando. Otro, si el viajero tiene un automóvil, luego en automóvil hasta el punto de entrada. Para llegar a las minas de sal, que es un must de visita durante nuestra estancia en Maras, debe tomar el camino que comienza en la Plaza de Armas – Jerusalen – y desciende hacia el valle. Si caminas, el viaje durará unos veinte o treinta minutos (en coche son cinco minutos). De esta manera, llegarás a un paisaje lunar: la mina de sal. La matanza que se extrae en Cusco desde siempre y muy recientemente, en una escala muy pequeña, en Lima, es un lujo gastronómico (caja de medio kilo puede costar S / .12.00.) Situado en la ladera, la mina de sal en forma de terrazas o andenes es atravesado por un arroyo que nutre el agua salada de los charcos, que forman un manto cuyos tonos de color van del blanco al marrón, dependiendo de la estación del año. Cuando llueve, toma un tono más chocolate. El uso de este recurso se remonta a miles de años y se hereda en cada familia, pero se maneja en forma comunitaria, como si fuera tierra de cultivo. Cada familia posee una determinada cantidad de charcos que explota manualmente, pero luego la empresa comunitaria es la que está a cargo de los procesos para agregar el yodo, la recolección, la recolección y la venta a través de un intermediario.

En el caso de la versión gourmet, la empresa Tierra del Monte compra la sal a las familias y la comercializa bajo la marca Pink Salt, no solo sal de mesa, sino también como productos revitalizantes de la piel. En Lima, estos productos se pueden encontrar en tiendas gourmet y en Wong; y en el valle en las tiendas del hotel. El nombre en quechua de la mina de sal es Kachi Raqay, y está compuesto por 3.000 piscinas de 5 metros cuadrados cada una, que requieren cuidados especiales: la tierra debe ser nivelada y rociada hasta tres veces por semana, luego, después de filtrar el agua a través del suelo y se evapora debido al intenso sol, brotan cristales de sal espesa. Después de un mes, la sal alcanza los diez centímetros de altura y debe ser cosechada. Actualmente, existe un proyecto turístico participativo que cuenta con el respaldo de varias entidades, para que los visitantes compartan un momento con los trabajadores de las minas de sal extrayendo este recurso que brinda a las familias marinas y de Pichingoto desde tiempos ancestrales.